El 3 de octubre de 1990 Alemania vivió un momento muy importante de su historia: tras 41 años de haber sido fundadas dos Repúblicas alemanas con dos modelos económicos y políticos distintos, una de ellas desaparecía uniéndose a la otra. La República Democrática Alemana, conocida como Alemania Oriental, con su sistema de economía planificada, seis estados y 16,4 millones de habitantes, se disolvía e integraba a la República Federal de Alemania. 

Este fue el resultado de las transformaciones políticas en Alemania y el mundo. Por una parte, la sociedad civil de Alemania Oriental se organizaba para pedir más libertades políticas y se manifestaba de forma multitudinaria y pacífica. El camino al 3 de octubre de 1990 tuvo en el 7 de noviembre de 1989 uno de sus momentos más significativos: la apertura esa noche de los puntos de control a lo largo del Muro de Berlín, la frontera física y de alta seguridad que rodeaba a Berlín Occidental, y separaba esa isla de la República Federal en el corazón de la República Democrática. Por otro lado, los cambios que se registraban en el escenario mundial de reforma en los países socialistas y la distensión de la guerra fría, permitieron que las cuatro potencias vencedoras de la segunda guerra mundial (la Unión Soviética, por una parte, y Estados Unidos, Francia y Reino Unido por la otra) accedieran a que las dos Alemanias condujeran su proceso de reunificación.

Con la reunificación de 1990 se cerraba una larga etapa de la historia alemana: desde el principio del siglo XX el país había experimentado transformaciones revolucionarias, muchas veces de una violencia sin precedentes en la historia de la humanidad. Y por fin un proceso político pacífico lograba conciliar al país, que a la larga sentó nuevas bases para el escenario europeo.